Belgrano y la vieja: ¿Cómo?

Autor: Juan Cruz Taborda Varela. Fotografías: Club Atlético Belgrano – La Voz del Interior (Gentileza)

 

Le pedimos al periodista Juan Cruz Taborda Varela, un fanático de Belgrano, que nos escribiera una mini crónica sobre el partido más importante de la historia de su club. Pero el miércoles, mientras los piratas mostraban una personalidad increíble en la cancha, su mamá estaba internada con una neumonía. Un relato sobre sentimientos encontrados. 

 

¿Cómo se combina el día en que te dicen que tu vieja se puede morir y tu equipo hace el mejor partido de su historia? ¿Cómo festejar un gol –una gambeta, un caño, ¡en Belgrano!– con el miedo de que suene el teléfono en cualquier momento para darte la peor noticia de tu vida? ¿Cómo?

 

A la vieja no le gusta el fútbol. Pero se bancó toda la vida que su esposo, sus cuatro varones y su hija mujer le salieran para el otro lado. Igual, el fútbol, gran medida de todo, lo es también de clase y distinción política, y eso sí le gustaba. En el pueblo del Este, a los que nacíamos más rubios (tres) nos hacían radicales y de River, como la madre. A los dos que trajeron la sangre siria del bisabuelo, peludos y apenas más oscuros, les pusieron las camisetas de San Lorenzo (uno) y de Boca (el otro). Y si eran morochitos eran peronistas, como el padre.

 

A la vieja, porteña, radical y rubia, ser de River le era un complemento justo: los millonarios. Y también que lo fueran sus hijos rubios, católicos y correliginarios.

 

Pero las cosas cambiaron. Dejamos el campo para llegar a Colón y Fragueiro. Para los niños que éramos -fútbol, choza y campo todo el día- aquello fue la cárcel. Duró apenas meses esa estadía en pleno centro de la ciudad que sirvió para matarnos un poco y también para hacernos ver lo que era una urbe: agresiva, maldita, pero también celeste. Ya instalados en lo que sería el barrio de siempre, separado de Alberdi apenas por el río, el celeste copó toda nuestra atención. A ningún hijo le importaron ya esos viejos colores porteños y Belgrano se volvió el sello de todos. Mi madre cada tanto me insistía con River. “Es que no me pasa nada con River”, explicaba yo. Simple. No me pasa nada. Tenía 12 e intuía lo que era sentir.

 

Los cambios, en casi todos los hermanos, no se limitaron a la camiseta. La orientación política y las creencias religiosas, nulas en varios de nosotros, también se trastocaron y ya casi no hubo coincidencias con la madre, rubia y radical, que el 10 de diciembre de 1983 había dejado Arroyito para ir a Buenos Aires junto a su esposo peronista y sus cinco hijos, calzarles la boina a todos y festejar la asunción de su amor eterno, casi superior al que siente por mi padre.

 

A la vieja, que no le gusta el fútbol, menos le gustaba Maradona. Porque era negro, drogadicto y porque me hacía llorar a mí. “Vos también sos drogadicta”, le decía yo cuando me sacaba, que era casi siempre. Desde niño le rogué primero, le sugerí después, le exigí más tarde y la reputié al final, que dejara el cigarrillo. Eso la tiene ahora en coma inducido. Eso le hizo decir al médico el mismo día del partido: “El riesgo de muerte es alto”. El gran Manolo Lafuente, cuando le contaba todo esto, me dijo: “Un médico me contó que la nicotina es más adictiva que la cocaína”. Al final mi vieja terminó siendo más drogona que el Diego. Y también me hace llorar. Pero es rubia.

 

En junio de 2011 vimos juntos el partido. Y ella, que había sido de River, gritó como sus hijos el gol que decretó el descenso del que fuera su equipo. Una madre, me di cuenta, es capaz de eso sólo por sus hijos. Nada más.

 

El miércoles Belgrano jugó el partido de su vida. Acostumbrados a ídolos como el Luifa y el Pampa Rosané, que de repente el zaguero tenga 18 años y se pare en la cancha como una mezcla de Pasarella y Lothar Matthaus, te descoloca un poco. Que el marcador izquierdo, chileno de nacimiento, tire un caño, más. Que el 11, pibe de barrio, gambeteador de potrero, la peine, la haga entrar y después se bese el escudo en Brasil, es de otro mundo. Asistíamos, los amigos reunidos esa noche, a un partido histórico. Y yo, que no había contado nada de mi situación, que miraba el teléfono para que no sonara nunca, tenía que articular mi mayor miedo con el disfrute compartido, acostumbrado a ser sufrimiento y dolor de ojos.

 

Hubo que esperar el próximo parte médico, alentador, para sentir, por fin, que la alegría era doble. Por la camiseta y por la vieja que, en definitiva, son lo mismo.

 

Club Atlético Belgrano - La Voz del Interior (Gentileza)

Club Atlético Belgrano – La Voz del Interior (Gentileza)

Salidaalmar

13 Comments

  • florida auto 11 Abril, 2017 at 6:55 pm

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  • Silvana Rodríguez 25 Septiembre, 2016 at 8:40 pm

    Excelente y emotivo texto. Buenísimo (de una madre con hijos hinchas de Belgrano)

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  • Juan Sacchetto 24 Septiembre, 2016 at 2:00 pm

    Gracias por tan emocionante texto, Juan Cruz.
    Belgrano tiene que ver con todo.
    Absolutamente todo.
    Lo mejor para tu mamá.

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  • manolo lafuente 24 Septiembre, 2016 at 11:01 am

    Los caballeros, Juan, las p referimos rubias. Si millonarias. No riverplatense. Además, vos te amparás en Pappo “nadie se atreva a tocar a mi vieja”, ignorando, quiero creer, lo edípico de letra y a autor en jurisdicción cordobesa.

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  • manolo lafuente 24 Septiembre, 2016 at 10:58 am

    Los caballeros, Juan, las preferimos rubias. Si millonarias, no riverplatenses. Menos radicales. Pero vos te ampararás en Pappo (“nadie se atreva a tocar a mi vieja”) ignorando lo edípico de letra y autor, je…Abrazones!!

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  • mauro 24 Septiembre, 2016 at 5:26 am

    Emocionante viejo, si hasta se me mojaron los ojos y el nudo en la garganta se hizo sentir. Que sea lo que dios quiera y dios quiera que se mejore la vieja.

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  • María Mónica Mazzoni 24 Septiembre, 2016 at 3:35 am

    Hermoso relato. Soy Maria Mónica Mazzoni ?nos vimos cuando despedimos a tu abuela ? y te felicite por lo que escribiste de ella. Besos y que Patricia la rubia se mejore??

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  • Pablo Iván 23 Septiembre, 2016 at 9:56 pm

    Hermoso texto Juan, que se reponga tu vieja. Un abrazo!

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  • Maximiliano Bass 23 Septiembre, 2016 at 6:27 pm

    Juan Cruz, te he cruzado en la cancha (el gigante de Alberdi, nuestra única cancha de verdad) y te leo siempre. Desde acá, un rincón de Córdoba, hago fuerzas para que la vieja radical-rubia-hinchaeriver’ se recomponga. Hermoso texto!

    PD: no sabía que el Suquía salía al mar. Una genialidad.

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    • Aldo Francomano 23 Septiembre, 2016 at 9:01 pm

      por lo menos salida a Mar chiquita Maxi.
      Mis deseos también para tu vieja Juan Cruz. Abrazo de gol

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      • Nano Páez 18 Octubre, 2016 at 11:34 am

        Simplemente hermoso!!

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