Cordobesismo, el regreso

 

Córdoba volvió a darle alegría a Macri: el ex árbitro de fútbol Baldassi, se impuso en las PASO. Hace dos años, una mayoría abrumadora se pronunció contra el centralismo de Buenos Aires y, sobre todo, contra el kirchnerismo. Con datos comparativos, escenas de luchas obreras fallidas y sus encuentros con Baldassi, Dante Leguizamón reactualiza el concepto “cordobesismo”.

Una versión más breve de este texto, se publicó en Revista Anfibia: 

http://www.revistaanfibia.com/cronica/cordobesismo-el-regreso/

 

Escena 1. Aeropuerto Córdoba. Dos semanas antes de las P.A.S.O.

Junto a un referente kirchnerista cordobés, esperábamos amigos que regresan en el último avión que arriba desde Buenos Aires. De repente una voz, que no es de los amigos que hemos ido a buscar, nos interrumpió:

-¡Ehhh muchachos! ¿Cómo andan?

Al darnos vuelta vimos que Héctor “la Coneja” Baldassi se acercaba con los brazos abiertos. Ellos se conocen de la política y yo lo conozco de mi pueblo porque ambos somos de Río Ceballos y fue alumno de mi mamá. En medio de la charla apareció un señor, remera de Belgrano, emocionado.

-Che, pibe. Sacame la foto.

Le dijo al legislador kirchnerista mientras se abrazaba al árbitro, feliz. Intervine y pedí ser el fotógrafo. Tras la foto Baldassi hizo tres chistes seguidos y se negó a dar números de las encuestas con un simple: “estamos tranquilos”. Después tiró otros tres chistes más y nos abrazó de nuevo. Mientras lo miramos irse, me doy cuenta de que somos un público sonriente. El legislador dice:

-Es imposible no quererlo a este culiado.

Y nos ponemos serios. Porque tiene razón.

 

 

Veinte meses después.

En 2015 Anfibia publicó la nota “Cordobesismo”. El texto, comenzaba así: El día del balotaje, un vecino de Buenos Aires pagaba 3 pesos el boleto de colectivo gracias a los subsidios del gobierno nacional; el de Córdoba costaba 7,10. Un amigo que vive en Palermo, pagaba 80 pesos de luz subsidiada por un 3 ambientes. El autor de esta nota paga 380 a la Empresa Provincial de Energía (EPEC) en los meses más baratos. Un tubo de gas –donde vivo no hay gas natural aunque estoy a unos 45 minutos del microcentro de Córdoba– cuesta 600 pesos y dura, en invierno, entre 3 y 4 semanas. No quiero ni saber cuánto pagan de gas por mes en la Capital Federal”.

Veinte meses después esta otra nota sobre cordobesismo debe comenzar con una revisión de aquellos datos: en 2017 el colectivo en Ciudad de Buenos Aires cuesta entre 6 pesos y 6,50; en Córdoba, 12,55 pesos. Una familia tipo de cuatro personas en la Ciudad Autónoma paga, en un tres o cuatro ambientes, 600 a 800 pesos de gas, 750 pesos de luz y 800 de agua. La misma familia en Córdoba pagaría entre 2000 y 2700 de gas, 1600 de luz y 800 de agua.

La ola amarilla que nació en Córdoba trajo espuma. El gobierno de Mauricio Macri le otorgó al de su amigo Juan Schiaretti la coparticipación que le  había sido negaba durante la administración Kirchner así como la posibilidad después de pagarle a los fondos buitre de sacar créditos internacionales en dólares -Dios sabe cómo se pagarán- pero en la vida cotidiana de los cordobeses, sus gastos siguen empeorando. El problema es que ahora no hay a quién echarle la culpa.

 

 

El Cordobazo cordobesista

En junio pasado la ciudad capital fue testigo de un Cordobazo. Esta vez la palabra mítica de la historia gremial local no estuvo vinculada al peso simbólico de la gesta obrera de 1969, sino al peso concreto de la frase acuñada en diciembre de 2015 por el presidente Mauricio Macri tras ganar el balotaje: “Esto es un nuevo Cordobazo”. Como lo explicamos en aquella nota de Anfibia, la idea de Macri está directamente relacionada con el concepto “cordobesismo” creado en su momento por José Manuel De la Sota, el hombre que hace 19 años fundó la alianza Unión por Córdoba (UpC) que desde entonces gobierna la provincia.

Según explicó en una opinión publicada en salidaalmar.com el investigador del Conicet, Juan Manuel Reynares, estudioso de la historia del peronismo cordobés, la alianza UpC es “una etiqueta electoral que cobija dirigentes partidarios, empresarios y técnicos de un amplio abanico de la derecha local”. En esa etiqueta conviven o convivieron el demócrata cristiano Juan Brugge, actualmente en la Cámara de Diputados la Nación, Osvaldo Giordano, actual Ministro de Finanzas provincial e integrante de la misma Fundación Mediterránea que llevó a Domingo Cavallo a ser ministro de economía de Carlos Menem y, en su momento, Germán Kammerath y otro ucedeísta como Javier Pretto, hoy alejado de UpC y –curiosamente- presidente del PRO en Córdoba.

En sus 19 años de vida esa alianza que llevó tres veces a la gobernación a De la Sota y dos a Juan Schiaretti, echó por tierra los intentos del radicalismo local por recuperar el control de la provincia que conservó entre 1983 y 1999. Como lo explica el investigador del Conicet, UpC logró eso de la mano de sus dos máximos dirigentes (“el Gallego” y “Juan”) que muestran en sus trayectorias dirigenciales “un claro perfil destinado a defender una visión neoliberal sobre la relación entre política y economía, que si bien no supone una reducción del Estado, sí abona su transformación bajo los únicos parámetros de la eficiencia subsumiéndolo bajo una lógica empresarial en expansión”.

Pero quiero volver al Cordobazo-Cordobesista. El 4 de junio pasado los delegados de los choferes de la ciudad de Córdoba, agremiados en la Unión Tranviarios Automotor (UTA) local -intervenida desde Buenos Aires hace más de un año- decretaron un paro de transporte que duró algo más de diez días y terminó con 206 choferes despedidos –158 mediante telegrama, el resto en una especie de limbo-. A ello se agregó, unos días más tarde, la realización de una asamblea (organizada por la intervención de la UTA) en la que algunos compañeros de los delegados votaron por la destitución de sus representantes tal cual lo deseaba el empresariado, el gobierno provincial, el gobierno municipal y los analistas políticos de los grandes medios.

El argumento para culpar a los choferes de “mantener de rehén a la sociedad cordobesa” tenía asidero. Por una razón legal muy debatible (los choferes querían que, además del acuerdo logrado en la paritaria de UTA nacional, se les reconociera un porcentaje que llevaba la paritaria local del 21 al 32 por ciento) gran parte de la población sufrió de manera injusta las consecuencias de la protesta. Un millón de cordobeses quedó a merced del paro. Sin embargo, la idea de criminalizar a los choferes y sus delegados tenía un objetivo mucho mayor: aclararle al pueblo de Córdoba que aquel que se atreva a desafiar al establishment local será castigado con toda la fuerza del poder real de quienes manejan el conservadurismo lúcido de la provincia.

Los delegados -en su gran mayoría de izquierda- no midieron el tiempo político, endurecieron demasiado su postura y fueron abandonados por sus referentes a nivel nacional. De esa manera abusaron de la paciencia de los usuarios y terminaron poniendo en riesgo la fuente laboral.

Finalmente, cuando las autoridades municipales parecían vencidas, gran parte de lo que podríamos llamar “el arco político-económico” se aglutinó y decidió que no había más tiempo de negociación. Una foto resume la posición del establishment en esos días: reunidos en el municipio los representantes de la “multisectorial” con Schiaretti, su vicegobernador Martín Llaryora –el derrotado primer candidato a diputado de UpC en las PASO del domingo-, el intendente radical de Cambiemos Ramón Mestre a la cabeza rescataron junto a las cámaras empresarias una vieja ley redactada en tiempos de De la Sota en el poder y terminaron sancionando una norma que declara al Servicio de Transporte Público como servicio esencial. Aunque la norma va en contra de las pautas que sostiene la Organización Internacional del Trabajo (OIT), al cordobesismo eso no le importa.

Los delegados, que creían que iban a poder ir por todo, se quedaron sin nada. Los poderosos, que cinco días antes mostraron toda su incapacidad casi evidenciando desinterés en resolver el conflicto, se cargaron a los trabajadores. La razón era simple, la deteriorada imagen del intendente Mestre (el municipio es titular del servicio) se revertía a positiva a medida que él amenazaba a los delegados del transporte con que iba a echarlos.

En la última manifestación masiva, horas antes de la derrota gremial, los representantes de los grandes gremios de Córdoba -Luz y Fuerza, SUOEM (municipales), SMATA, SEP (empleados públicos) y UOM- que habían prometido su asistencia, brillaron por su ausencia. Por lo bajo, insinuaban que los delegados estaban locos y quizá hayan tenido razón.

Quien sí los acompañó hasta el final fue Lucio Garzón Maceda, el emblemático abogado laboralista que en 1969 asesoró y participó junto a Atilio López (UTA), Elpidio Torres (SMATA) y Agustín Tosco (Luz y Fuerza) en la organización del Cordobazo en 1969.

No quiero igualar a los delegados de UTA con Elpidio, Atilio y Tosco. Está claro que les falta mucho para eso y que fueron en gran medida improvisados. Estoy diciendo que una parte importante de la Córdoba cordobesista –la que concentra el poder real- puede hablar ante la prensa con falso orgullo de las gestas de antaño, pero en la práctica desprecia a aquellos movimientos sindicales que hoy tienen estatuas, placas y evocaciones. La clase política que utiliza sus imágenes para mostrarse como heredera de una historia de lucha, dejaría a aquellos trabajadores sin empleo antes de permitirles recuperar el poder que tenían en aquella Córdoba industrial.

Cuando le pregunté sobre estas dos etapas del gremialismo y la protesta de los delegados a Lucio Garzón Maceda, dijo:

-Marché ese día pero les dije que estaban equivocados y habían hecho un desastre. Sin embargo, por más errores que cometieron los trabajadores de la UTA nunca había pensado que la sociedad cordobesa se sentaría, como aquellas mujeres que tejían mientras se decapitaba a los rebeldes en la Francia de Robespierre, a pedir la cabeza de los trabajadores.

Garzón Maceda asegura que es incomparable esta situación con el año 1969 cuando se luchaba no contra los trabajadores, sino contra la dictadura de Onganía y aclara que aquellos dirigentes gremiales no habrían cometido nunca los gravísimos errores que cometieron los actuales. También se sorprendió “del ensañamiento del municipio y parte de la provincia” contra los delegados gremiales.

 

 

Escena II. 2014. Aeroparque, Buenos Aires.

Estamos sentados con un consultor cordobés en un bar de Aeroparque. Se acerca Héctor Baldassi. Saluda y se sienta. Tomamos un café. El consultor le pregunta:

-Te das cuenta de que vas a ser el futuro gobernador de Córdoba, ¿no?

Baldassi se ríe:

-Me falta mucho, recién estoy empezando. Tengo que aprender más.

Por entonces con él sólo se podía hablar de fútbol. Después de un rato se levanta, paga su café y se va a tomar el avión. Mientras esperamos que nos cobren nuestro cortado, le pregunto al consultor:

-¿Le da para ser gobernador?

-¿Y a vos te parecía que a Scioli le daba para gobernar Buenos Aires? –me contesta.

 

Córdoba y sus metáforas

El historiador César Tcach tiene una mirada sobre la historia de Córdoba que resulta interesante para entender aquella dualidad entre la provincia rebelde de la reforma del ‘18 y el Cordobazo y la provincia conservadora que aterroriza a los porteños progres (que por otro lado, no se hagan los tontos, también votan abrumadoramente a Macri y a Vidal).

Según afirma, la cultura política de Córdoba es fuerte hasta el punto de ser autónoma, distinta y con una proyección nacional que no todas las provincias del país poseen. En ese contexto plantea tres metáforas centrales para entender nuestra historia.

Según su mirada Córdoba es una ciudad “de frontera” en lo político cultural donde conviven polos opuestos y contradictorios que por momentos le han dado a la provincia una dinámica explosiva que va de lo revolucionario a lo moderado, en algún caso conservador. Esta realidad se conjuga con una curiosidad: tanto el radicalismo como el peronismo local contienen en sí mismos ambos elementos.

-En el radicalismo conviven laicos y progresistas con conservadores y clericales. De la misma forma el peronismo provincial, que tuvo una matriz conservadora en sus inicios integrado por representantes del patriciado cordobés y la Acción Católica, llegó a integrar también a sectores progresistas como el Atilio López o el Obregón Cano de los años 70.

Clericalismo y el anticlericarismo están en el interior de las fuerzas políticas provinciales.

Una segunda metáfora indica que Córdoba se ha mostrado en diferentes oportunidades como el rostro anticipado del país. Esto ha ocurrido tanto por izquierda como por derecha. La Reforma Universitaria de 1918, el Cordobazo son ejemplos y también lo es el levantamiento de setiembre de 1955 que tuvo a Córdoba como eje y que llevaría al general Lonardi a declarar por cuatro días durante aquel mes a esta provincia como la capital del país, llegando incluso a imprimir una estampilla con ese sello.

La tercera metáfora es la de la Isla. Aunque no lo crean esta provincia sin salida al mar tiene -construido por Unión por Córdoba- un faro que vigila. Lo curioso es que algunos creen que ese faro no guía a nadie, pero resulta que eso es falso. En ese faro funciona el panóptico más grande de la provincia. Allí se dirigen las señales de las cámaras de seguridad que, distribuidas en todo el territorio de la ciudad, le permiten a la Policía controlar a los ciudadanos.

La isla que supo acuñar Eduardo César Angeloz en los ‘80, en realidad se remonta a muchos años antes. En 1930 mientras en el país se gobernaba con el fraude electoral relegando las libertades públicas, en Córdoba las gobernaciones de Amadeo Sabattini y Horacio Del Castillo se sostenían sin fraude, sin presos políticos y llegaron incluso a reconocer a nuevos sindicatos. Tcach lo resume así:

-Para Sabattini el Estado no es sólo guardián de las leyes, es también un creador de derechos y esos derechos son derechos sociales.

En 1959 Arturo Zanichelli (padre de la primera esposa de José Manuel de la Sota) llegó al poder acompañando el proyecto conciliador de los primeros tiempos de Arturo Frondizi. Sin embargo, cuando el presidente se aleja de aquellos conceptos, y nombra a Álvaro Alzogaray como su ministro de economía, Zanichelli se rebela y, por seguir con sus conceptos conciliadores, termina sufriendo la intervención de la provincia. Algo similar ocurre en 1974 cuando Perón gira a la derecha y Obregón Cano junto a Atilio López mantienen su mirada progresista de izquierda que los condena a un golpe de Estado provincial que deriva en otra nueva intervención y la implementación del terror en Córdoba, dos años antes del Golpe.

Para Tcach en los últimos tiempos aquella metáfora inicial de las tensiones que hacían a Córdoba diferente “se ha normalizado”. Ante la consulta sobre si se corrió a la derecha, contesta:

-Córdoba no es lo que fue. Es una provincia más. Y estas metáforas son objeto de usos. De los usos de la historia que hacen los políticos. Córdoba hoy carece de la estructura social que dio sustento a esas visiones contrapuestas.

En este sentido Tcach ofrece un ejemplo que quizá sirva para entender por qué se produjo el Cordobazo Cordobesista en relación al paro de transporte. En sus palabras el vector del movimiento obrero cordobés en la década del 60 y del 70 era el sector metalmecánico y sus referentes (impulsores del Cordobazo) estaban vinculados a los sectores más dinámicos de la economía. Hoy las bases del movimiento obrero están vinculadas al sector terciario de la economía: el de los servicios públicos. Los trabajadores del transporte.

Las tensiones que según aquella metáfora inicial impulsaron a Córdoba a ser la rebelde, han desaparecido. El conservadurismo de los partidos hegemónicos se fagocitó las rebeldías.

 

Escena 3. Bar. Córdoba.

Empiezo a bocetear esta nota una semana antes de las elecciones en otro bar. Escribo mientras en otra mesa veo dialogar a un consultor (otro, no el de Buenos Aires) y un concejal filo K. De repente me golpean la mesa como un tambor tatatata. Es Baldassi:

-¡¡¿Cómo andás Papá?!!

-Qué hacés culiado. Escribiendo sobre vos. Las encuestas dicen que arrasás ¿Vas a ser gobernador?

-Siempre con lo mismo. Quedate tranquilo que yo estoy tranquilo.

En diez minutos entran siete personas a saludarlo. Hace chistes, las mozas dicen que van a votarlo, los de las otras mesas también. Al rato se va y paga mi merienda, la del consultor, la del concejal y no sé si alguna más. Abraza a todo el mundo.

-Está aprendiendo -me dice el consultor-. Es un huracán.

 

Las P.A.S.O. 2017

En diciembre de 2015 decíamos que el apoyo abrumador del electorado cordobés, tenía un sentido. Que el enfrentamiento entre el gobierno nacional de Cristina Fernández de Kirchner y el provincial del tándem De la Sota-Schiaretti había sido utilizado mejor por estos últimos: Córdoba es, esencialmente, conservadora y etnocéntrica. Si la atacan, se encierra; y si no la atacan, se encierra también”. Pero también decíamos que ese voto no era un voto puro PRO, sino fruto de ese mismo enfrentamiento entre nuestra provincia y el poder central. Un voto que, además, tiene aires de desprecio hacia el resto del país.

Las P.A.S.O. 2017 no han mostrado ninguna sorpresa. Lo que sí parecen insinuar es que ese electorado conservador que desde 1999 a esta parte prefirió sostener en el poder a la alianza Unión por Córdoba parece inclinarse (gracias a la imagen de Mauricio Macri) un poquito más hacia Cambiemos.

Tomo las últimas cinco elecciones que hemos tenido en esta provincia. En junio 2015 se elegía gobernador y la elección la ganó el peronismo (UpC) que llevaba a Schiaretti como candidato y obtuvo el 39, 99 por ciento de los votos. La segunda fuerza fue Cambiemos (Oscar Aguad- Héctor Baldassi) con el 33,74 por ciento. Juntas sumaron el 73,73 del total.

Poco más de un mes después se realizaron las P.A.S.O. para presidente. El gobernador a punto de terminar su mandato, De la Sota, disputaba internas con el Frente Renovador de Massa en la Alianza UNA. El resultado fue: 38,79 (De la Sota) y Mauricio Macri 35,38. Juntas ambas fuerzas sumaron 74,17.

En las generales de octubre (ya sin De la Sota como candidato que había perdido las P.A.S.O., pero con él jugando claramente para Massa) Macri obtuvo el 53, 24 por ciento de los votos y Sergio Massa el 19,21. Juntas sumaron 72,45 de los votos.

Un mes después, cuando se produjo el balotaje, Macri obtuvo el 71,51 por ciento de los votos.

No soy consultor, quizá ni llego a analista político pero creo que está claro que al menos un 70 por ciento de la sociedad cordobesa vota hacia la derecha. Vota hacia la normalidad de los últimos 30 años y no tiene interés en valorar aquellas tensiones que la convirtieron en la provincia rebelde que añoran en otros lugares del país. En conclusión: a nadie debería sorprenderle que en estas P.A.S.O. 2017, si se suman los votos de Cambiemos (44.51) y Unión por Córdoba (28.58), el número dé 73,09. El votante cordobés sigue apostando al cordobesismo como eje de su mirada.

 

Kirchneristas cordobeses

En aquella nota de hace dos años decíamos que el kirchnerismo nacional no podía escapar de sus gruesos errores a la hora de pensar un proyecto para Córdoba. Vale la pena recordarlo: Los referentes del Frente para la Victoria en Capital Federal fueron Daniel Filmus y Mariano Recalde. En Córdoba, todavía se ve la estela que dejó Ricardo Jaime. La derecha porteña es un empresario millonario y de ojos claros como Macri y un chico lindo de rulos como Martín Lousteau. Nuestra derecha, la cordobesa, es peronista y radical. Nosotros lo llamamos “el partido cordobés”.

 

Previo a la última elección el kirchnerismo cordobés sufrió varios reveses en sus filas. El primer “pase” hacia UpC fue el de Martín Gil. Actual intendente de Villa María, Gil había sido elegido diputado en 2013 cuando los K lograron ingresar dos diputados tras la buena elección de Carolina Scotto, ex rectora de la Universidad – renunció meses después- que para muchos como el autor de esta nota fue la mejor opción que en su historia logró conseguir el kirchnerismo local.

A Gil le siguieron otros pases. Uno de ellos fue similar al ocurrido en otros lugares del país. Referentes del Movimiento Evita, ácidos críticos de UpC hasta hace dos años, de repente encontraron que De la Sota y Schiaretti eran algo parecido a Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos comparados con Macri. El actor más notable de ese “otro” Cambio fue el actual diputado nacional Andrés Guzmán –llegó allí tras las renuncias de Scotto y Gil- que pasó de sentarse en una mesa con Máximo Kirchner, a grabar videos explicativos donde fundamenta con poco éxito por qué votó a favor de la destitución de Julio De Vido y por qué vota a UpC.

Más tarde, referentes de La Jauretche, una organización liderada por Martín Fresneda, ex secretario de Derechos Humanos, se alejaron de ese espacio seducidos por Alejandra Vigo –esposa de Schiaretti y sin dudas el cuadro político más interesante de UpC- en la actualidad.

Aunque Fresneda sigue tributando a Cristina Kirchner todo hacía pensar en un espacio diezmado que no podría repetir la elección de 2013. Sin embargo, entre las cenizas apareció un desconocido llamado Pablo Carro, titular del gremio universitario Adiuc, que obtuvo el 9,89 por ciento de los votos, un número apenas por debajo de los 10.08 que consiguió Scotto en las PASO 2013.

Aunque fue a buscar una foto con Cristina que no consiguió y luchó contra el desconocimiento, la elección de Carro es buena. Sin embargo, el triunfo de Baldassi pone un techo de votos que hace casi imposible que el kirchnerismo evite perder uno de los dos diputados que consiguió en aquella oportunidad.

El armado de la lista de Carro no evitó las miserias históricas del kirchnerismo cordobés. Traiciones, miedo a los jóvenes, viejos referentes que por poseer un sello pretenden cargos sin aportar un solo voto, cierta mirada soberbia hacia otras corrientes del peronismo y prepotencia de recién llegados a ese movimiento que esconden su pasado asegurando conocerlo más que el propio Kirchner. Sin embargo la discusión produjo varios aciertos como la incorporación en sus filas de Valentina Enet (una de las abogadas que impulsó el amparo contra los aumentos del Gas en 2016) y Eduardo Fernández (un empresario Pyme con poco sex appeal,  pero de reconocida honestidad).

 

Escena IV. 13 de agosto. Día de las PASO. Colegio Espíritu Santo, Río Ceballos.

Estoy esperando a mi hermana que es fiscal general allí para llevarla a su escuela a votar. Un amigo me para y me pregunta:

-Y… ¿A quién hay que votar?

Lo miro. Estoy por contestarle y escucho de nuevo esa voz.

-¡Qué hacés papáaaaaa!

-Hola loco. ¿Cómo andás? – Ya sé que gana, la boca de urna que me acaban de pasar dice que si se suman los votos de Cambiemos le saca más de 16 por ciento a UpC.

-La vine a traer a mi vieja –dice Baldassi mientras la gente se le acerca emocionada.

Esa tarde, en mi pueblo que todavía hoy sufre las consecuencias de la inundación de febrero de 2015 en las que el kirchnerismo –a excepción de sus militantes- se mantuvo ausente, los resultados fueron los siguientes: Cambiemos: 6442 votos, UpC 2590. El kirchnerismo 1469.

 

Lo que pasó y lo que viene

El final de esta nota anfibia debería ser exacto al final de la nota de diciembre de 2015:

Córdoba no cambió. La provincia fue coherente con su historia conservadora de las últimas décadas. Y no se pudo, no se supo o no se quiso desde el gobierno nacional (Cristina Kirchner) llegar a fondo con políticas –y referentes- capaces de generar un “contra Córdoba”, capaz de doblarle el brazo al poder del conservadurismo lúcido local.

Habrá que aceptar que la principal responsabilidad es de quienes habitamos esta tierra. Aquí la gran mayoría que pide un cambio en realidad no quiere que cambie nada. Nunca quiso. Por su parte, el proyecto que levantó las banderas de lo nacional y popular deberá encontrar, en la lógica de construcción federal, las formas de incluir a esta provincia, porque esta vez los cordobeses no se cocinaron en su propia salsa (como dijo Perón en 1974), más bien sintieron que eran el maridaje perfecto para acabar con aquello que para millones hizo tanto bien y que a ellos los convencieron de que sólo les hacía tanto mal.

Ahora, como siempre, nos sentimos una isla, la más pro de todas las islas, a la espera de las soluciones que lleguen del puerto de Buenos Aires.

Me atrevo a agregar algo más. La estrategia de UpC de demonizar al kirchnerismo en tanto “gobierno central que se queda con nuestras riquezas” para afianzar el cordobesismo y ganar elecciones, quizá sea la peor trampa que el peronismo cordobés se hizo a sí mismo. Imposibilitado por su orgullo anti k de seducir al votante kirchnerista –o al menos de darle un espacio significativo dentro de su sector- UpC ha terminado encerrado en la postura personalista y aislacionista de sus dirigentes.

Por ello no le sirvió de nada que, cuando veía venir la derrota, sus referentes hayan salido a marcar diferencias con el PRO. El mismo gobernador que apenas unos meses atrás bailó en una tarima junto a su amigo Mauricio Macri, trató de criticar al Presidente y retomar aquello de “las agresiones contra Córdoba” pero el problema es que, a esta altura, el cordobesismo como “normalizador” de las anomalías cordobesas, no tiene identidad partidaria definida. Antes de ayer fue radical, ayer fue UpC. Hoy -aunque Schiaretti siga teniendo una imagen positiva en la sociedad que supera el 60 por ciento- claramente está virando hacia Cambiemos.

El consultor Mario Riorda no quiere hablar de “relatos” a la hora de analizar las narrativas del kirchnerismo y el Pro. Prefiere referirse a “mitos de Gobierno” para discutir sobre comunicación política. Según su mirada una de las cosas más importantes de la elección del 13 de agosto último fue que el voto contradijo el dogma de que la gente vota desde lo económico.

-Hubo un voto ideológico con expectativas hacia futuro aún sabiendo que dos terceras partes de los argentinos se ve afectado por la realidad económica. Se trató de una competencia de “marcas”. Así como en algún momento la marca –el mito de Gobierno- del Frente para la Victoria bastaba para obtener buenos resultados, ahora pasó lo mismo con Cambiemos.

En Córdoba –piensa este cronista- la marca Cordobesismo con la que De la Sota buscaba exportar su propio mito de gobierno, está Cambiando. Cambiando de dueño. Baldassi ríe y hace reír. No creo que le interese saber qué es este cordobesismo del que hablamos, pero hoy es su principal referente.

Los choferes de UTA siguen sin trabajo. Y Córdoba, va.

6 Comments

  • Salida al Mar 21 Agosto, 2017 at 12:54 am

    Creo que el mérito de Pereyra es reconocer ese cordobés de derecha y hablarle. No creo que sea una invención del locutor, creo que se retroalimentan. Muchas gracias por leer.

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  • liliana acuña 19 Agosto, 2017 at 6:52 pm

    gracias, impecable relato, nos duele y tantisimo, pero es bueno leer y reflexionar, para comprender.

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    • Salida al Mar 21 Agosto, 2017 at 12:52 am

      Muchas gracias Liliana!

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  • Alberto Niebylski 19 Agosto, 2017 at 11:35 am

    Más allá de que pueda mostrar algunos olvidos -como el que apunta ELROBER más arriba-, la nota es un fresco impecable.
    Un fresco que a muchos -no a la mayoría, pero a muchos- nos dejará con el alma por el piso y nos va confirmando, gracias a una mirada rápida y aguda y a una “pluma” ágil, lo que venimos viendo: Córdoba no es la que fue, es peor, mucho peor.

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    • Salida al Mar 21 Agosto, 2017 at 12:53 am

      Gracias por lee Alberto. Te mandamos un abrazo.

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  • elrober 19 Agosto, 2017 at 4:31 am

    Creo que te olvidás de Mario Pereyra en la construcción de ése cordobés de derecha ” cuartetero” . Sin intentos de denigrar de ninguna manera el origen . Sería importante que incluyas el papel de los medios en ésta Córdoba gorila actual. ¿ o hace falta que diga cómo banca De La Sota al sanjuanino ?

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