Dahyana Gorosito, una víctima a juicio

Por: Karina Cocha.

La esquina de avenida San Martín y pasaje Ayacucho en Unquillo lanza humo de cubiertas quemadas. Los carteles apenas se leen porque la tinta va deslizándose por la llovizna: “¿Dónde está?”, “¡Devuelvan la bebé!”.

Son casi veinte personas entre niños, niñas, jóvenes y adultos. La mayoría parientes. Hacen ruido, cortan la calle, gritan. Es una tarde gris oscura, casi noche, del 20 de mayo de 2016. Muy pocos se detienen a escucharlos.

La familia Oroná denuncia que le robaron una beba recién nacida y apunta al Hospital Regional Urrutia. La indiferencia de los que pasan es tan punzante como el frío.

Dahyana Gorosito, la madre de la beba, no está. No protesta, no reclama, no pinta carteles.

En los días siguientes, a través de distintos medios de comunicación, los Oroná siguen encabezando el reclamo:

– Queremos que aparezca. Y si nació muerta queremos que nos entreguen el cuerpito.

Dice en la tele Rita, tía de Luis (padre de la nena). Habla en nombre de la madre:

– La mamá dice que tuvo una nena que supuestamente se ahorcó con el cordón umbilical. Dice que se la muestran cinco minutos, se la sacan, se la llevan y no la ve más, ni muerta ni viva. Nosotros lo que queremos es que, si nació acá, nos entreguen el cuerpo.

La suegra de la joven también habla. Dice que luego de parir, Dahyana sólo alcanzó a tocarle la mano a la bebita.

Dos días después la cara de Dahyana aparece en carteles que empapelan las paredes del hospital, los negocios y las paradas de colectivos. En la foto se ve a Dahyana sonreír, lleva el cabello negro cayendo prolijamente hacia un costado de su cara. Mientras tanto Dahyana estaba internada en el Hospital Rawson de la capital cordobesa por una grave infección.

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En la mañana del 19 de mayo de 2016 Dahyana Gorosito parió una niña. Eso es en lo único en que coinciden las dos versiones sobre el nacimiento.

Según la familia del padre, aquel día la mujer de 20 años amaneció con dolores de parto pero de todos modos su marido, Luis Oroná, se fue a trabajar. Según ese relato de los hechos ella salió caminando para el dispensario y lo encontró cerrado. Con contracciones caminó rumbo al hospital pero un vecino la subió a su auto y la llevó. En el lugar la revisaron, la controlaron y se produjo el parto. Ella apenas si pudo ver a la nena. Cerca del mediodía, preocupada por su otro hijo, Dahyana pidió volver a casa. La doctora le hizo firmar un alta bajo consentimiento y la madre se fue dejando allí a la recién nacida.

Esa fue la versión llegó a los medios de comunicación.

La historia que cuenta Dahyana es diferente. El trabajo de parto comenzó a la madrugada, no a la mañana. Luis se negó a llevarla al hospital en varias oportunidades. Al amanecer ella preparó el bolso solita y salió rumbo al dispensario. Eran las siete menos cuarto y el termómetro marcaba que era el día más frío del año.

En el camino Oroná la alcanzó con el auto, la obligó a subir y la llevó a un descampado. En ese baldío se produjo el parto y el alumbramiento. Restos de placenta quedaron en el cuerpo de la madre. La beba nació viva, Luis cortó el cordón umbilical, guardó a la niña en un bolso y le exigió a Dahyana repetir la versión de los Oroná con la promesa de que, solo así, podría verla otra vez.

Las historias vuelven a coincidir al final. Dahyana, se presenta en la comisaría local y denuncia la desaparición de su beba. Allí la revisan, constatan que acaba de parir y, a raíz de la infección, la envían al hospital Rawson, en la capital.

 

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Unquillo se ubica en la región de Sierras Chicas, 24 kilómetros al noroeste de Córdoba Capital. En las últimas décadas creció de la mano de la migración. Por un lado, recibió a familias expulsadas de los barrios periféricos; por otro, a jóvenes pertenecientes a la clase media con título universitario que encontraron allí una oportunidad para escapar de la violencia o el cemento. En este escenario de monte nativo, calles de tierra, ríos y arroyos ocurrió el hecho que impactó en la opinión pública del país.

Luis Oroná tiene 31 años, 80 kilos, poco más de 1,70m de altura y cara aniñada. Nació en Unquillo. Es nacido y criado.

Su familia vive en cinco casas precarias ubicadas en un mismo terreno del barrio Gobernador Pizarro, uno de los más populares de la ciudad.

En el mundo de los Oroná las mujeres adultas fueron a la primaria y las más jóvenes llegaron hasta la secundaria. Trabajan desde siempre dentro de la casa, allí cuidan a los hijos y saben cómo y dónde conseguir lo necesario para sobrevivir tanto en el barrio, en la escuela, en el dispensario, en la municipalidad como en el hospital. Cobran la Asignación Universal.

Los varones por su parte apenas si terminaron la primaria. Trabajan fuera, changuean, cobran quincena y son los que deciden en qué se gasta el dinero.

Dahayana Gorosito es delgada, morocha y mide cerca de un metro sesenta. Cuando habla de su hijo de tres años acompaña la palabra con un movimiento de manos, como si lo abrazara. Se emociona, extraña.

Nació en la capital de Córdoba y su vida estuvo marcada por la violencia. Cuando sus padres se separaron ella escapó. A los 11 años quedó bajo la tutela de un juez de menores que la puso bajo tratamiento psicológico y definió que viviera con su padre. La pareja de él la maltrataba y Dahyana volvió a escapar. Anduvo en la calle hasta que la institucionalizaron en un colegio de monjas. Su madre la sacó y la llevó a Villa Allende.

Cursó hasta tercero de la secundaria y a los quince años se fue a vivir a la casa principal de la familia Oroná de la mano de una prima de Luis que era su mejor amiga. Allí se conocieron y se pusieron de novios.

Dejó la escuela y empezó a trabajar en talleres improvisados que se dedican al aparado de calzado. Durante cuatro meses Dahyana tuvo su único empleo pegando suelas de zapatos.

 

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Llegar al barrio Gobernador Pizarro desde el centro de la ciudad es un recorrido agradable. Son poco más de 15 cuadras con curvas y contracurvas en las que se plasma la historia de Unquillo. Casonas antiguas, grandes jardines que estallan en colores ocres o verdes intensos, según la temporada.

Al ir avanzando por avenida Sarmiento las  grandes y antiguas construcciones dan paso a otras humildes y sencillas. Los jardines se van achicando hasta desaparecer. Pegados a las veredas los terrenos se ven sobreocupados con casas más pequeñas. El silencio del inicio del recorrido se interrumpe con cuarteto a todo volumen.

El barrio se fue haciendo hace más de 60 años cuando se instalaron las primeras familias provenientes de la ciudad de Córdoba atraídas por la apertura del frigorífico, la posibilidad de trabajar en las canteras de cal y el crecimiento de los talleres de aparado.

 

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Luis y Dahyana fueron pareja durante cuatro años. Tuvieron un hijo. Ella recuerda buenos momentos pero luego todo fue cambiando.

– Luis siempre fue de tomar y me levantaba la mano. Intenté separarme y no pude por mi hijo-.

Dice llorando. Las peleas se iniciaron porque él no le daba dinero para comprar cosas necesarias para el niño y también por la convivencia con su familia y por una suegra que amparaba a su marido en cada una de sus violencias.

Ella le pidió que se fueran a vivir solos pero Luis no quiso.

– Hablamos con su patrón de un alquiler para irnos, pero nunca iba a lograr sacarlo del lado de la madre, ni de esa casa.

Ella reclamaba y él reaccionaba. Enojos, malas caras, gritos, a veces golpes. Ella dejó de tener amigas y tuvo que recluirse dentro de la casa. Cuando salía lo hacía acompañada de su suegra porque Luis era muy celoso. En cuatro años de convivencia Dahyana nunca realizó denuncias por violencia familiar.

-Me quería ir con mi hijo. La única solución era denunciarlo y que lo saquen de la casa pero de qué iba a servir eso si en la misma casa vivían su madre y sus hermanos-

Pregunta Dahyana que se describe presa de la dinámica cotidiana, las estructuras, los modos y las costumbres de los Oroná.

– Para Navidad se armó un quilombazo.  Jesús y Luis –hermanos Oroná- se pelearon por Dahyana. A Jesús lo dejaron afuera de la casa y él le gritaba a Luis desde la calle que era un gorreado- dice un vecino.

Dahyana recuerda que al enterarse de que su cuñado Jesús se había enamorado de ella, se lo contó a su suegra y el chisme llegó a todo el barrio.

– Yo no tenía una relación con mi cuñado y ahí vinieron los celos. Le volví a pedir a Luis que nos fuéramos porque no quería vivir más en ese ambiente y la situación estaba muy pesada, pero él no quiso.

La convivencia continuó, la joven y su cuñado iniciaron una breve relación y Dahyana quedó embarazada de Selene.

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Bajo la penumbra del amanecer en una calle de tierra aparece a lo lejos un foco que apenas ilumina. De un lado tres casas con jardines; del otro, una loma. El monte sobrevive cargado de siempreverdes y unos pocos espinillos que forman un cerco casi impenetrable. En ese descampado nació Selene. Luego del parto Dahyana vio cómo Luis se alejaba con la niña que él decía que no era suya. Ella se levantó como pudo y caminó hasta su casa. Dolorida, con frío y sin saber cuál sería el destino de la beba, se acostó. Continuaba sangrando.

A Selene todos la esperaban. Su madre, su hermanito, la familia, el barrio.

– Una no puede creer lo que pasó. En los Oroná cada chica embarazada era después un chiquito corriendo. Nunca ocultaron los hijos- dice una vecina impactada por la noticia.

Luis volvió al mediodía, dijo haber entregado la niña a una familia.

En el barrio, los Oroná iban tejiendo la búsqueda de testigos que apuntalaran la versión de la beba robada. Ofrecían 4.000 pesos para que alguien declarara haber visto a Dahyana entrar o salir del Hospital Urrutia el día del parto.

Mientras tanto ella seguía internada en el Hospital Rawson –en Córdoba- donde nadie la fue a visitar. El argumento era que no había plata para pagar los 70 pesos del colectivo.

 

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La experiencia del parto es única y diferente para cada mujer. Varían los tiempos, el umbral de dolor, el temor, la fuerza, el control o no de la situación.

Cuando se desencadenan las contracciones aumenta la intensidad y la frecuencia hasta que la sensación de ser aprisionada por un cinturón que rodea y tensa el cuerpo dificulta la respiración haciendo que el dolor sea casi insoportable. Toda esta secuencia es señal de la apertura del canal de parto. Se rompe la bolsa, se pierde el líquido amniótico y el bebé empieza a transitar desde el útero materno hacia el exterior.

El exterior que recibió a Selene fue una goma espuma y trapos en el día más frío del año. De allí al interior de un bolso de cuero.

 

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El 25 de mayo de ese 2016 la fiscal de turno Liliana Copello imputó a Dahyana bajo la figura de “homicidio calificado por el vínculo”. Durante los allanamientos encontraron en el descampado un colchón y ropa con sangre. Más adelante se hizo cargo del caso la fiscal de Violencia Familiar, María Ballestrini y ordenó la detención de Dahyana que todavía continuaba internada.

El 28 de mayo Dahyana se escapó por el ventiluz del baño del Hospital Rawson y tomó un colectivo a Unquillo. Su hijo cumplía tres años al día siguiente y quería verlo. Pensaba que allí iba a encontrar a Selene.

La detuvieron en Mendiolaza y circuló otra foto: en ella se la ve encorvada, mirando hacia el piso. Su rostro reflejaba miedo y tristeza. Debido a su frágil estado de salud esperaron a que llegara una ambulancia, la subieron, la revisaron, la escucharon.

– Se largó a llorar y comenzó a decir que quería ver a su bebé. En todo momento insistió en que su hija estaba viva, que se trataba de una nena y la quería ver.

Ese mismo día Luis Oroná fue detenido e imputado de homicidio calificado agravado por el vínculo. La versión de la familia Oroná se diluía como la tinta en sus carteles denunciadores.

“Está la Policía en casa de los Oroná, encontraron a la bebé muerta en un bolso”. Decía el mensaje que la noche del 5 de junio comenzó a circular por whatsapp entre los vecinos. Luego de cuatro allanamientos realizados en el descampado y las lomadas que rodean el lote encontraron a la beba en una de habitaciones de la casa. La autopsia determinó que murió de hipotermia; el estudio de ADN, que el padre de la niña era Luis Oroná.

La noticia invadió los medios. Solo se escuchaba el nombre de Dahyana Gorosito, seguido de infinidad de calificativos que la hacían responsable de la muerte de su hija. El de Luis apareció mucho después. El expediente se titula: “Gorosito Dayhana Trinidad y otro”. “Otro”, es José Luis Oroná.

 

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Las historias están hechas por actos y sus interpretaciones. La de Dahyana y Selene conmovió a una ciudad. La dividió entre defensores, acusadores y neutrales.

Al aparecer el cuerpo de la beba se produjo un movimiento de repliegue tanto de la familia Oroná como de los vecinos y vecinas que desde el inicio acompañaron en la denuncia pública del supuesto robo de la bebé.

Fogoneados por los medios de comunicación aumentaron los que acusaban. El whatsapp era un hervidero: “La madre no hizo nada para salvar a su hija, no tuvo un acto heroico cuando la muerte acechaba la vida de la beba y la de ella”, decía uno de esos mensajes.

De a poco se fue gestando el acompañamiento de la joven a través de un grupo de vecinas vinculadas a distintas organizaciones feministas y defensoras de los Derechos Humanos que dieron origen a la Mesa de Trabajo Libertad para Dahyana. Muchas de esas personas y organizaciones –incluida la autora de esta nota- apoyaron, sin contar con la información que existe hoy, el reclamo inicial de los Oroná.

Cuando los detalles comenzaron a conocerse se dio inicio a una campaña exigiendo la libertad de Dahyana, denunciando la justicia machista y la ausencia de una mirada integral que contemplara la situación de violencia de género de la cual era víctima. Una vez fuera de la cárcel, el trabajo de ese colectivo se abocó a lograr la absolución de Dahyana.

El próximo lunes 27 en el edificio de Tribunales II comenzará el juicio. Él sigue detenido. Ella, en libertad.

Los dos tienen la misma imputación: Homicidio calificado por el vínculo, Dahayana Gorosito por omisión y Luis Oroná por la comisión del delito.

7 Comments

  • quique 1 Diciembre, 2017 at 2:09 pm

    gracias pequeña chapanay por tu coraje.absolucion para Dayhana¡

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  • Constanza Queirolo 29 Noviembre, 2017 at 10:01 pm

    Gracias Kari por tu crónica, pero fundamentalmente por tu compromiso!

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  • Diego Ferioli 29 Noviembre, 2017 at 7:39 pm

    Excelente relato, gracias x sen-civilizarnos como sociedad!!!

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  • Anónimo 28 Noviembre, 2017 at 11:49 pm

    Excelente el relato que pone en contexto la inexistencia de la perspectiva de género en la intervención de las instituciones que no garantizaron los derechos mínimos a la joven.

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  • Julio Marcos Savy Guastavino 27 Noviembre, 2017 at 11:34 pm

    Excelente nota.
    Gracias Karina.
    Absolucion para Dayhana.

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  • Guillermo Oliva 27 Noviembre, 2017 at 4:46 pm

    Excelente relato. Tus palabras conmueven ….. Karina Cocha.

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  • Gaby 27 Noviembre, 2017 at 2:59 pm

    Gracias Karina Cocha x tu relato…
    Absolucion para DayhanA.

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