Tirar corte

Autor: Stefanía Coggiola

Francisco Mignola viajó de Villa María a La Falda para encontrarse con la muerte en una fiesta electrónica. Tenía 19 años y un pasado de adicciones. La historia detrás de un final que va mucho más allá de un simple hecho policial.

 

Su sangre al morir tenía una mezcla de marihuana, cocaína, éxtasis y popper. Más allá de eso, Francisco no tenía nada. Ni remera, ni pantalón, ni zapatillas. Solo un bóxer. Así lo tiraron desde un auto en la puerta del hospital de La Falda. Era el mediodía del domingo 26 de octubre de 2014.

El día antes había nadado. Tenía piel morena, ojos marrones que se escondían rápido y pelo castaño oscuro que caía lacio sobre la redondez perfecta de su cabeza. Se preparaba para cruzar, de extremo a extremo, el Lago de Villa Rumipal.

– Nadar le hacía bien – recuerda Noemí, su mamá.

El sábado apenas terminó de entrenar se compró un pantalón, una remera y se cortó el pelo. Con el mismo entusiasmo con que había practicado en el río Ctalamochita, preparó una mochila con otra muda de ropa y esperó a que sus amigos lo pasaran a buscar. A las siete y media de la tarde ya estaban rumbo a Córdoba. Llegaron al departamento de un amigo y a la noche fueron a ver al Dj italiano Joseph Capriati, que tocaba en Lokitas. Después, a un after en las sierras.

La estancia El Silencio está donde el cielo es grande. Donde comienza el Camino del Cuadrado, en la provincia de Córdoba. Está rodeada de árboles frondosos y de montañas. Al entrar hay una casona antigua, un espacio verde amplio y, al fondo, una pileta rectangular pintada de celeste. A las 8:30 de la mañana del domingo 26 de Octubre de 2014, Pancho y sus amigos llegaron a Amnesia, el after que se hacía en la estancia.

Los pies intranquilos intentando seguir el ritmo de los graves, las manos locas que no quieren parar. No pares. Dale. Dale. Melodías repetitivas que vuelan la cabeza y, al cerrar los ojos, un viaje asegurado a un submundo, otra dimensión maravillosa o espantosa, depende de lo que – y qué cantidad – te hayas metido en la boca, aspirado por la nariz en un saque veloz, olido tímidamente de una botellita de popper.

Se puede también no haber hecho nada de lo anterior y de la misma manera ser tomado como rehén por un set formidable de tuc-chiqui-chiq tuc-tuc-chiqui-chiq. Saber que ya no te soltará por horas. Nunca es un ratito.

– Tirar corte es quebrar – explican los pibes – que se te apague el tele, un cuelgue fuerte, flashear mal, se te nubla todo y puede durar segundos o bocha de tiempo.

Dicen que había convulsionado por varias horas, que no podían pararlo, que comía barro, que le dieron clonazepam, que se desvestía, que no había agua, que había una canilla cerca de donde estaba tirado, que estaba en rehabilitación, que nadie supo muy bien qué hacer, que siempre se pasaba, qué por qué traen gente que no se sabe drogar, que no vendían, que sí, que la Policía, que la estancia no pertenecía a ningún lugar, que los chicos, que las drogas, que la droga, que la droga.

Alrededor de las doce del mediodía lo cargaron en el auto de uno de los organizadores y lo llevaron al Hospital de la Falda. Cuando una persona ingresa sin identificación a una guardia se lo atiende, sin importar de quién se trate. Mientras tanto, personal administrativo se encarga de identificar al paciente, ver si tiene cobertura médica. Si no pueden identificarlo, se da aviso a la Policía.

Pancho hizo el primario y el secundario en El Caminante, una escuela nueva de Villa María, hasta que en cuarto año quiso cambiarse. Quería ir al Rivadavia, donde iban sus amigos.

– A mitad de sexto me llamó la directora del Rivadavia y me dijo que lo saque, que lo molestaban mucho por las drogas y que no iba a poder terminar – recuerda Noemí. Volvió a El Caminante y rindió las materias libres.

–  Costó, pero terminó – dice Noemí.

Al poco tiempo se fue a Córdoba para estudiar en Azafrán y convertirse en chef. Todos cuentan cuánto le gustaba cocinar. Se fue a vivir al departamento que la familia tenía en Chacabuco al 53. Al cabo de un tiempo llamó a su mamá y le dijo que mejor se volvía a Villa María, que tenía miedo, que se estaba drogando mucho.

– Nunca sabíamos cuánta droga tenía, porque no se lo decía a nadie, porque probablemente le mentía a todos, incluida Mimí – dice un amigo de Pancho, al que vamos a llamar Ignacio, pero no se llama Ignacio. Es flaco y tiene una expresión de amabilidad que conmueve. Cuando recuerda a Pancho, baja la cabeza y se refriega el pelo.

De las personas que fueron contactadas para esta crónica muy pocas quisieron hablar. Una joven se rehusó por completo, insultaba y maldecía embravecida.

– Francisco no hubiera querido que escriban de él. Dejalo tranquilo.

Otra estuvo a punto de hablar y después prefirió no hacerlo. Sin embargo, un extracto de su muro de facebook describe sus últimas horas con Francisco. Relata cómo, después de perderlo por unas horas, lo encontró y se fundieron en un abrazo. Francisco le dijo que se quedara tranquila, que estaba bien. Cuando se separaron, no volvieron a encontrarse nunca más.

Ignacio dice que podía hacerlos reír sin parar y que, con él y dos amigos más, compartía “cosas posta, del corazón”, que con los demás no.

– En general Pancho era introvertido – cuenta Ignacio – hasta que se liberaba.

Una noche de verano que estaban en la pileta de los abuelos de Pancho y todos estaban borrachos, Pancho se quedó al borde de la pileta recostado y no quiso que lo movieran. Cuando todos regresaron del boliche él seguía ahí, tumbado al lado de la pileta. Lo despertaron y rieron por largo rato. “Él – dice Ignacio – siempre buscaba hacerte reír”.

Pronto, Ignacio y otro amigo, “de los verdaderos”, van a visitar a la mamá de Pancho. A buscar la ropa de Pancho que ella les regaló.

– Para que se use, para que tenga vida – les dijo Noemí.

La misma ropa que espera en su cuarto, en el ropero, colgada y doblada prolijamente en los estantes.

– Mi hijo era un adicto en rehabilitación – explica ella.

Pancho hacía un tratamiento ambulatorio y visitaba a un médico en Villa María y a otro en Bell Ville. Uno de ellos indicó una breve internación en el Morra. El mismo día que ingresó, cuando se hizo de noche, mientras su compañero de cuarto dormía, rompió el alambrado y se escapó. Volvió a Villa María en colectivo. Al otro día era su cumpleaños y no quería estar ahí, levantarse con una mole de dos metros al lado de su cama, que gritaba y estaba atado.

– Hablábamos por horas, venía y se acostaba al lado mío en la cama y me contaba lo que sentía cuando se drogaba. Me decía que era un ratito el efecto lindo, que después venían la angustia y la amargura. Pero charlábamos, siempre hablábamos de lo que le pasaba – dice Noemí.

 

Amnesia

La noche del domingo 26 de Octubre a las diez menos cuarto, Noemí se encontró con un patrullero estacionado afuera de su casa. Le informaron que Pancho había sufrido una descompensación, que se comunicara con la Policía de La Falda para más detalles.  Minutos más tarde el teléfono fijo sonó. Su cuñada, que estaba en la casa, levanto el teléfono. Le estaban avisando que Francisco había muerto.

El lunes a la una y media de la tarde el cuerpo de Francisco llegó a Villa María.  La ambulancia del hospital no funcionaba. Nunca recuperaron su billetera ni su celular.

Pancho tiró corte al mediodía, el after continuó hasta las ocho de la noche.

Noemí llamó a su abogado para iniciar una denuncia que, por casi dos años, no fue más que un expediente en un cajón. Hasta lo sucedido en la última edición de la Time Warp, una fiesta electrónica que se realizó en Capital Federal, donde murieron cinco jóvenes.

Noemí quiere saber qué pasó con su hijo en esas horas ciegas, casi amnésicas.

Foto Marcha

Ahora, lo que pasó con Francisco, es una causa judicial bajo la carátula de homicidio culposo, con imputados que fueron a declarar pero se abstuvieron. Los que sí declararon fueron muchos jóvenes que fueron a la fiesta y se encargaron de relatar lo que vieron esa noche. Tres médicos toxicólogos están aportando información. Quieren demostrar que, si en el lugar hubiera habido una ambulancia, Francisco se podría haber salvado. Así como los pibes que se salvaron en Costa Salguero.

El abogado penalista Ortíz Pellegrini, a cargo del caso desde el inicio, sabe que esa es la puerta para definir la responsabilidad civil detrás de la muerte.

Pancho murió a los diecinueve años a causa de un paro cardiorrespiratorio a las tres menos cuarto de la tarde en el Hospital Municipal de La Falda. Eso dice su certificado de defunción. Durante un paro cardiorrespiratorio el corazón deja de latir y la respiración cesa unos segundos después. La sangre deja de circular y ya no llegan suministros de oxígeno al cerebro, al corazón y a los pulmones.

La vida a veces tira cortes irreversibles.



*Estudia Comunicación Institucional en la Universidad Blas Pascal. Trabaja desde que tiene 17 años. 
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12 Comments

  • talking tom 24 Abril, 2017 at 2:41 pm

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  • Mariano A. 13 Octubre, 2016 at 6:47 pm

    Felicitaciones Stefi. Sé del gran laburo que hay detrás. Excelente de principio a fin!!!

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  • Antonella 13 Septiembre, 2016 at 3:47 pm

    excelente, te lleva a muchos sentimientos esta crónica.
    Admiración profunda .

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  • norma suarez 13 Septiembre, 2016 at 1:29 pm

    Excelente como siempre.Tu impronta al escribir es única.Felicitaciones.

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  • Andy 8 Septiembre, 2016 at 8:13 pm

    Es excelente la claridad con la que se escribió cada línea y cada párrafo. Nunca pude irme del relato y sentí, en todo momento, que formaba parte de esta historia. Felicitaciones Stefania. Excelente trabajo.

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    • Anónimo 10 Septiembre, 2016 at 7:00 pm

      Gracias enormes Andy querido, por tan hermosas palabras. Abrazo inmenso para ti.

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    • Stefania 10 Septiembre, 2016 at 7:01 pm

      Gracias enormes Andy querido, por tan hermosas palabras. Abrazo inmenso para ti.

      Reply
  • Noemi 2 Septiembre, 2016 at 4:54 pm

    Gracias Stefania! Es tanto !!! Que desborda mi corazón!!! Saber, no saber, revivir, sorprenderme…. mi niño hermoso. Tan tímido, estaría muy enojado de ver que escriben de el. Pero es otra manera de seguir reclamando justicia !!!! Gracias por acompañarme! Gracias a todos!! Noemi

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    • Stefania 10 Septiembre, 2016 at 7:10 pm

      Noemí, infinitas gracias a vos. Por tu tiempo, por tus palabras, por permitir que escriba esta crónica. Te abrazo fuerte.

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