Un reencantamiento celeste

Autor: Nicolás Cabrera |

 

Nicolás Cabrera es sociólogo y está haciendo parte de su posgrado en Brasil. Cuando el club pasó a la siguiente fase dejó todo y se fue a Curitiba. Las postales de un día histórico.

 

En la boletería el rumor se esparce como chimento en el barrio:

-Si mostrás que sos donante de órganos la entrada sale la mitad.

Dice un colorado mientras corta con los dientes la botella de plástico. DNI, pasaporte, carnet de conducir, foto en el celular, súplicas, promesas, actuaciones y otras mentiras desfilan por la boletería. Todo lo que pueda ser ahorrado, se convierte en soporte etílico y garpa.

-Fernechi culiaaaa.

Grita un buscavida ambulante entre flashes y carcajadas. Negro, de ojotas, jean tiro bajo, musculosa verde y sonrisa torcida intenta mimetizarse con la marea celeste. Se llama Edilson y es hincha del Coritiba Foot Ball Club. De lejos ofrece oro negro, de cerca confiesa tener sólo Cervejinha.

Desde Río a Curitiva hay dos mil kilómetros que no sólo producen ansiedad, sino sed y Edilson recarga la conservadora cinco veces para los cuatro mil cordobeses –y algún que otro curioso– llegados a Curitiba en nombre de la historia.

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Con 111 años de vida, el Club Atlético Belgrano de Córdoba nunca había jugado en el exterior por los puntos. Un largo prontuario de amistosos internacionales, más turísticos que competitivos, dejaba un inmaculado pasaporte siempre al alcance del chiste.

Pero eso cambió. El peregrinaje a otras tierras olía a redención. El azar se encausaba y los dioses tomaban partido. Hasta el más incrédulo de los piratas tenia excusa para dejarse encantar y volver a tener fe en el mundo.

 

Peregrinos

El sol se va apagando y los hinchas se amontonan en la entrada al estadio. Algunos curitibanos se acercan a escuchar ese portunhol que hoy está más cantado que de costumbre. Se intercambian remeras, fotos y una que otra broma. “Inho” por aquí, “inho” por allá. Ese exquisito diminutivo que tiene el portugués es la broma barata para los cordobeses.

La calle es el escenario para épicos relatos de los hinchas. Héroes y villanos son musicalizados al ritmo de La Mona, El Ulises y La Banda de Tocarli. La primera historia que impacta es la de Julia, Luciano y Martin. Ella bordea los 30 y él los 40. Martin, en brazos, solo hace 3 meses que está en este mundo.

– Un bautismo internacional – dice orgullosamente el padre.

“Soy Pirata, vago y atorrante. A Belgrano lo sigo a todas partes. Este año me voy de caravana. A jugar la sudamericana. Dale dale B, Dale dale B”

Un rosario y una imagen del gauchito gil es todo lo que Matías necesita para burlar al azar. Tiene el cuerpo como un adaptador de enchufe: ancho y cuadrado de arriba, dos patitas finitas por lo bajo. Sudaba la gota en una empresa de autopartes de lunes a sábado. Los gurús de la economía todavía profesaban un segundo semestre feliz cuando lo suspendieron por “falta de trabajo”. La felicidad prometida vino a buscarla a Brasil.

“Ponga huevos Belgrano ponga huevos. Ponga huevos Belgrano sin cesar. Que esta noche cueste lo que cueste. Esta noche tenemos que ganar”

Los Jiménez son piratas del viejo barco. Cuatro generaciones ininterrumpidas de lealtad. Linaje celeste. Entre ellos parecen todas gotitas de agua: cabezones, de mentón fino y un parecido sorprendente. Aunque, más que agua, por su color y su tonada parecen gotitas de fernet. El mayor y el menor de los hombres no tuvieron otra alternativa que gatillar un chárter que dolía 15000 veces. No les sobra dinero, pero les falta Belgrano. El del medio, con más suerte y tiempo, llegó en ómnibus. Por 1100 pesos subió, viajó, entró y está volviendo.

“Alberdi, Alberdi es una joda. Vino, puta y droga. Es un descontrol”

– Boludo yo pensé que acá hacía calor.

Dice Adrian mientras se refriega los brazos que desnudan una piel erizada. Estudia ciencias políticas. Tres amigos, dos bolsillos vacíos y una bandera que dice “Fuera Temer” es todo su capital.

– Quise escribir “Temer Gato”, pero me dijeron que acá “Gato” es como le dicen a los facheros, a los guazos lindos. Imaginate qué papelón.

En el estadio apenas si tuvo unos minutos de fama hasta que el personal de seguridad, más asustado que convencido, lo invito a entregarles la bandera.

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“Yo no soy como esos que se quedan en casa. Escuchando la radio para ver lo que pasa. Yo soy hincha de Belgrano y no me cabe ninguna. Si me andan buscando miren a la tribuna. Miren a la tribuna”

 

El apostol de campera

Bombos de plata y vientos de oro enfilados sobresalen entre las cabecitas negras. En la punta de la lanza una campera azul de cubana nevada, atrás la tropa. Llega la barra. No hace falta empujar, el espacio se abre solo. El jefe se presenta en la puerta y pregunta por el responsable de la seguridad.

Mientras los policías hacen silencio él decide y ordena:

-Bombos acá, vientos allá y trapos ahí, todos tranquilos.

Hasta que la ansiedad le gana al respeto y en la puerta hay una avalancha. El jefe mira fijo y habla firme “tranquilos que vamos entrar todos”. Con la segunda avalancha la campera azul pierde la postura y empieza a empujar a la muchedumbre: con la fuerza del argumento o con el argumento de la fuerza. Así se comanda una barra argentina.

Después de los molinetes pero antes de la tribuna la hinchada despliega su “carnaval”.  Recuerdan a Talleres al ritmo de Xuxa. La gente está exaltada, pero en paz. Reina ese típico caos organizado de contenido altamente inflamable. Una confusión con un hincha abre el juego de lo previsible.

Salta el molinete y la seguridad intenta llevarlo detenido. Parte de la hinchada interviene y la respuesta llega ardiendo los ojos: gas pimienta para todos y todas. Policías robotizados entran a fuerza de palos y escudos y la barra siente su honor amenazado. Argentina no es Brasil. Allá la tribuna es de la barra, acá claramente no. Ninguno de los dos está para entender de fronteras nacionales y morales.  De pronto el dialogo llega y el pulso se desacelera. La policía se retira, los cantos se retoman y la hinchada de Belgrano vuelve a su trance. Los vientos silban, los bombos laten, las gargantas desafinan y un humo espeso nos abraza. Once jugadores de Alberdi pisan un verde césped tropical.

Lo demás es todo celeste.

Salidaalmar

3 Comments

  • Jessie 8 Enero, 2017 at 4:08 am

    A simple, common sense decision trle3#82&0;.eoved it. Much better then the internet “symptom checker” programs. Someone clicks on the cyber man with symptoms you describe, and the cyber lightning bolt desends to tell you to get your you know what to the ER immediately.

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  • Maximiliano Bass 26 Septiembre, 2016 at 9:54 am

    Hermoso, Nicolás… Es lunes por la mañana; vine a la oficina al pedo porque es feriado, me faltaba esta nota para ponerme recontra pilas! Saqué mi entrada para el miércoles porque “yo no soy como aquellos…” Abrazo y gracias por el notón’!

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  • Daniel Orpianesi 25 Septiembre, 2016 at 8:41 pm

    Muy lindo y emocona

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